Seguidores

viernes, 2 de julio de 2010

10 bajezas inconfesables, parte 2

1.- No advertir a una amiga sobre el trozo de lechuga que tiene en el diente porque nos da gracia verla así.

2.- No poder cambiar de canal si el que se encuentra en pantalla es Sergio Dennis haciendo playback de alguno de sus hits.

3.- Hacer regalos de cumpleaños (ropa, libros, lo que sea) especulando con que se nos presten después.

4.- Estar completamente convencida de un complot internacional para que el mundo acabe. En breve.

5.- Sentir una extraña identificación con Coco Sily cuando toquetea minas en el programa de Fantino.

6.- Querer ocultar la falta de lavado capilar apelando a un peinado estrambótico, onda diseñadora de Palermo.

7.- Salir al kiosko a altas horas de la noche en busca de un chocolate de 100 en gramos, con camisón, campera y zapatillas de nuestro marido sobre las pantuflas propias de estampado animal print.

8.- Ser capaz de desayunar cualquier comida fría, si viene con café con leche. Se incluyen vacío a la parrilla y ravioles cuatro quesos.

9.- Eludir sistemáticamente la devolución de un jean a nuestra amiga con excusas que nos llevan a evitar verla.

10.- Herir de muerte los sentimientos de otras personas cuando estamos con síndrome pre-menstrual o tenemos mucho hambre y sueño. Es como una descarga.

jueves, 24 de junio de 2010

La conchuda voy o vengo


Fuma un cigarrillo, lo apaga por la mitad. Para un taxi y, al verlo acerarse, lanza manotazos al aire con el índice extendido, al grito irrisorio de “No, No. No”. Se pasa una hora probándose ropa en un local y abandona la compra en el momento en que la cajera pasa la tarjeta de crédito por la maquinita. Inventa una excusa y sale del negocio. Nunca regresa. No hay mesa de bar que le venga bien, que si la ventana, que si la cercanía con la cocina, que si hay niños alrededor, que aquel gordo me mira con impudicia... Anda embagallada por el bar con la taza de café en la mano, los diarios bajo el brazo y el paso apurado pero muy vacilante a la vez. Va cambiando de mesa, puede llegar a hacerlo hasta 4 veces por tarde.
Si se trata de bodegones o restó, testea la ventilación de restaurantes y se indigna si a pesar de sus previsiones el pelo le queda con olor a fritanga. Ese día ya se lavó la cabeza como todos y lavársela una vez más le presenta un desafío difícil de ganar. Pero, por otro lado, también piensa que deberia hacerse un baño de crema… pero lavarse dos veces la cabeza, no sabe, no, piensa que simplemente no da. Y así, es capaz de cavilar durante medio día.
Si va en su auto, que izquierda o derecha, que por Lavalle o por Perón. Cuando tiene que comprar un regalo para alguna conchuda cumpleañera, recorre las mismas vidrieras decenas de veces, yendo y viniendo por Palermo Viejo, para terminar comprando de apuro una remera lisa en un híper mercado. En el verano nunca sabe bien si playa o sierra, si Uruguay o Brasil, si una quinta en el Gran Buenos Aires, o si dejarse de joder y ahorrar un poco. Con los hombres mantiene una relación tan inestable como el inquietante devenir de su vida. Un día muere por ellos, al siguiente no los soporta y más tarde los pasa a extrañar incluso aunque estén sentados a su lado. Su problema con la toma de decisiones es tan extremo que estuvo 22 meses frecuentando inmobiliarias antes de alquilar su monoambiente de Parque Patricios, un lugar al que desprecia y que asegura haber elegido por "precipitación". Es que, de tanto ir y venir, la conchuda voy o vengo termina pifiándola irremediablemente, presa de sus dudas. Ya lo dijo Dorothy Parker: “Hay cuatro cosas sin las cuales yo hubiera vivido mejor: algunos amores, los chismes, las pecas y las malditas dudas”.

viernes, 18 de junio de 2010

La negadora

No se engancha con las discusiones, los problemas ni las limitaciones. O, mejor dicho, no los registra. Va para adelante como esos tristes caballos de los mateos. Y así, siempre concentrada en el camino, queda ciega ante casi todo lo que ocurre a su alrededor y –lo más alarmante- ante lo que anida en su propio interior. Los sucesivos abandonos de los tipos, las infidelidades, las adicciones propias y ajenas, la falta de dinero, el paso del tiempo, la disfuncionalidad de su familia paterna… nada de eso resuena en su cabeza. Son cosas que simplemente no existen. También soslaya sus limitaciones intelectuales y físicas siempre que puede y, si no, las justifica. Es de las que, al momento de hacer una autocrítica, se despacha con un dudoso mea culpa: “¿Mi peor defecto? Ser muy perfeccionista”. Cuando sube de peso, no corre a lo de Ravena. Por el contrario, actúa como si no hubiese pasado nada y saca a relucir sus nuevas redondeces a través de escotes, tajos y transparencias. Cuando la echan del trabajo, inmediatamente espeta “todo pasa por algo, necesitaba un año sabático”. Cuando un tipo la deja, la Conchuda negadora, dice y siente que fue “de la noche a la mañana”, aunque hace meses él durmiera en el sofá. Tampoco se da cuenta de su propia falta de voluntad. Hace 25 años que fuma pero asevera confiadísima: “Lo dejo cuando quiero”. Con las amistades, más de lo mismo. Cree tener estrechos vínculos con ex compañeras de la secundaria que a gatas recuerdan su rostro. Intenta permanentemente comunicarse con ellas a través de mails y llamados que nunca son respondidos, pero jamás se le ocurre pensar que no tienen interés en su persona y por eso no le contestan. Tampoco se hace cargo del contexto social en el que vive. Si es económicamente solvente, no tiene la capacidad de ver los bolsillos flacos de los otros. O los tratará de tacaños, o los arrastrará con tentadoras invitaciones a vivir a su ritmo. Si, por el contrario, anda con poco efectivo, gastará a cuenta y pedirá prestado. Solicitará dinero a amigos con desconcertantes excusas (“tengo cheques por cobrar”; “excedí el límite de la tarjeta” o “estoy con las cuotas de la depilación definitiva”) cualquier cosa para no ver su dura realidad económica. La negación de cualquier cosa fea o dolorosa es, en síntesis, la condición fundamental de su vida. Como una alquimista de las emociones, ella ha logrado transformar en carne y hueso esas popularísimas y resignadas palabras: “Ojos que no ven, corazón que no siente”.

viernes, 11 de junio de 2010

Diccionario musical conchudo



Bowie: Lo que una conchuda hubiese deseado ser, de ser hombre.

Frito Páez: Espantoso espécimen masculino lleno de tics que ama rizarse el pelo.

Hittoten Hossen: Canción de calidad dudosa y lírica de aristas nazis, considerada unánimemente por la crítica como un hit.

Mccartney: Hombre soso e incluso garca que, sin embargo, posee algún talento que hace que caigamos a sus pies.

Manú Cago: Usa chabo y morral, pero vive en Palermo Soja.

Phsicodarkdelia: Ritmo volado y deprimente que algunas conchudas tararean al son del secador de pelo.

Punk con queso: Comida clásica de domingo a las tres de la tarde, cuando un fin de semana de bolike nos dejó sin provisiones.

Querido: Ese disco que volvemos a escuchar aunque ya sea demasiado. Lo hemos tenido en vinilo, casette, CD y Mp4.

Ramonero: Chabón al que, de entrada, le damos bola por lindo, y huimos al caer en que sólo nos invita a tomar cerveza, nunca se cambia la remera negra y está preparando tres materias que debe del secundario.

Sesentero: Individuo que jura que el rock murió con “El lado oscuro de la luna” el 17 de marzo de 1973.

Siouxsie & the happys: Mujer que recibe con muy buena voluntad a casi cualquier caballero que la invite a algo.



The Style Council: Dícese de cualquier banda de la que no es posible recordar ni una melodía por su futilidad y falta de onda.

ZZ No: Antro céntrico que ya no existe pero que abundó en los 90´s. Suena, más que nada, heavy metal. Las bebidas que se expenden en la barra están rebajadas y vienen en vaso de plástico.


lunes, 7 de junio de 2010

La conchuda retrospectiva

Es una persona que no piensa como Spinetta. Piensa: ” Ayer fue mejor”. Una actitud enajenada del presente que la hace caer en excentricidades. Es capaz de pasar horas, calculadora en mano, haciendo cuentas para comparar cuánta guita se gastaba en el uno a uno y cuánta se gasta ahora, en vivir. Es de tirar frases como “Si hubiera hecho tal cosa, hoy sería, tal otra” o “Antes se comía mejor carne” y “Ya no hay respeto por nada”. Y llega a la cumbre de su compulsión de mirar hacia atrás con un rasgo excluyente: es él único tipo de conchuda capaz de enamorarse retrospectivamente. Un día va en su autito a visitar a alguien y se pierde hasta llegar a un lugar o a un barrio al que no iba hace mucho tiempo. En barrio en el que había conocido a Juan. Ambos tenían entonces 15 años. Aunque en los últimos 19 no se acordó de él, el barrio, con sus casitas bajas, las araucarias de la plaza, algún pendejo en bicicleta, un panadero que vuela, la transportan a aquella tarde romántica en que se dieron un beso. La conchuda retrospectiva frena su autito provocando otras frenadas en la calle, y se da cuenta: nunca pudo hacer pareja con nadie porque sigue enamorada de Juan. Tiene que ser así. El pasado debe explicar los problemas del presente. Esa noche, al llegar a su casa, inicia una búsqueda frenética a través de agendas viejas, Facebook y cualquier otra red social de Internet. Llega a hablar con padres de viejos amigos en común y a leer la guía, como se hacía a principios de los noventas. Tres días después, logra ubicarlo, chatean. Los dos están solteros y quedan para ir a comer. En el colmo de la retrospección, la conchuda se hace un jopo, se hace las uñas nacaradas y agrega bandana y aros argolla. Sale para el restaurante. Una vez que está en la puerta, le cuesta creer que ese señor de traje y calva innegable que pretende ocultarse bajo una raya muy pero muy al costado, sea el mismo adolescente ardoroso con el que conoció las matinés, los patines sobre hielo, las canciones de Erasure que hoy vuelven a usarse en propagandas. La conchuda retrospectiva podría dejarse de joder un poco y vivir el aquí y ahora, pero preferirá seguir mirando atrás, anhelando lo que en realidad no fue, haciendo lo que sea para no hacerse cargo del momento.

jueves, 3 de junio de 2010

La conchuda jergera

Podríamos definirla como una suerte de Zelig del lenguaje, pues el modo de articular su discurso fue cambiando notablemente con el paso del tiempo y también puede mutar en forma instantánea, de acuerdo al interlocutor que tenga adelante. En la década del 80, cuando era una pre-adolescente que empezaba a coquetear con el mundo del rock, fue la primera de su grupo de amigas en incorporar frases y palabras como “Al palo”, “Mató mil”, “Agite” y “Mosh”. Como es versátil, en esa misma época, también era la única capaz de relacionarse fluidamente con abuelas y tías viejas a través de oxidados giros lingüísticos como “Le arrastra el ala” y “Se hizo señorita”, sin escatimar, por otra parte, refranes amigables para la tercera edad como “De tal palo tal astilla”, “En casa de herrero cuchillo de palo” y “Aunque la mona se vista de seda, mona queda”. Su etapa de drogona fue una de las más fructíferas, pues hizo uso de todos los eufemismos, neologismos y viejas piezas del lunfardo vinculadas al tema. “Bajón”, “Charruto”, “Canuto”, “Papusa”, “Mandanga”, “Cobani”, “Taquería”, “Papel”, “Sedas”, “Liyos”, “Tripa”, “Bicho” y tantos otros. Pero por suerte dejó y, a fines de los 90, se anotó en psicología. Fue entonces cuando su fraseo se pobló de vocablos propios de esta ciencia y la conchuda jerguera nos puso al tanto de nuestro “Super yo”, nuestro “Edipo no resuelto”, nuestra dificultad para “Sublimar” y los miles de “Fallidos” que cometíamos por aquel entonces. Sin embargo, al pasar a Administración de Empresas, aquellos tics verbales fueron dejados de lado para dar lugar a una nueva forma de expresión de corte materialista. Comenzó a hablar de “capitalizar” energías, esfuerzos, trabajos o novios; de “optimizar” recursos, salidas o maquillajes y de buscar “motivaciones” a la hora de ganar plata, ir al gym o comprar zapatos. También cuenta con la sorprendente habilidad de recurrir a palabras como “Re editar”, “Cierre” y “Asamblea” si interactúa con periodistas, y puede abrumar con cosas tipo “Triglicéridos”, “Hormonas en sangre” o “Corteroides”, si el que habla con ella es un médico. Conoce, asimismo, decenas de modismos regionales que acopió con esmero en sus viajes por el país. Le dirá “poto” u “ocote” al culo y “B alta “, a la B larga, si está con un cuyano, y sacará a relucir palabras en guaraní si anda por el Litoral. Cuando se habla de sexo, la lengua se le pone turbia y recurre a las más deplorables analogías para referirse al coito: “Empernar”, “Empomar”, “Destapar la cañera (o canaleta)” y varios etcéteras que se omiten en favor del buen gusto. Recientemente, ha dado un paso más en la compulsión de hacer variar su arenga y ha creado una suerte de idioma personal en el que sus amigas con onda se llaman “Tutas”, los tipos lindos son “Suaves”, las chicas osadas son “Corazón de animal print”, las adictas a Internet “Corazón de mail” y las deportistas “Corazón de joguinetta”. Aunque siempre cae bien parada debido la empatía que surge de su capacidad de asimilarse dialécticamente con quien sea, la Conchuda jerguera deja una sensación medio triste. Nos recuerda a los camaleones de Animal Planet a expensas de científicos que experimentan con ellos para que cambien de color.

domingo, 30 de mayo de 2010

Diccionario gastronómico conchudo

Animal muerto: Toda carne que se tire sobre una parrilla.

Anoréxica pour la gallery: Conchuda que se rescata en un coktail lleno de delicias, pero al llegar a su casa arrasa con las patitas congeladas Granja del Sol.

Batatear: Toda acción o actitud destinada a ponerle onda a algo, pero al estilo "Sanata" de Fidel Pinto. Ej. de uso común: "No batetiés más con esa batería, que te falta ritmo".

Moscatazo: Bizarro estado de trance que acontece a conchudas incapaces de reprimir sus ansias por entrar a Las Cuartetas, a las 4 de la mañana - o de la tarde, da igual- a por un moscato con pizza de chancha.

Pochi: Conchuda de buen diente. Puede ser dulcera, saladera, o ambas en los casos Pochi Extreme.

Salchipapa: Conchuda llenita y/o maciza que, ciega a tal condición, recae en aquellos modelitos que otrora le sentaban y que hoy resisten con dificultad los embates de su carne rosada. También es una comida típica del Perú.

Soy rock: Conchuda de treinta y tantos que persiste en comer en Mc Donald's y Pippo, salir de noche, volver de mañana y hacerse cortes de pelo raros. Ideal para llamarla, si dan ganas de enfiestarse hasta reventar.

Trankinas: Galletitas de chocolate y crema "vainilla fantasía" con propiedades tranquilizantes para conchuda con síndrome pre-menstrual.

jueves, 27 de mayo de 2010

La conchuda celosa


Para ser amiga de ella hay que ser muy asexuada y anodina y, aún así, la cosa no será fácil de llevar. Desconfiará. Cuando se sale con una conchuda celosa hay que vestirse discreta y alejarse de cualquier gesto que haga intuir voluptuosidad. Nada le hará menos gracia que una amiga coqueta. La defenestrará con alma y vida, con términos propios de señora gorda y reaccionaria. Dirá que es "Atorranta", "Calienta pijas" e "Histérica". Pero lo que realmente le molestará de esta amiga no es la decisión de ser una mujer que se arregla, si no el acaparamiento de atención que la Conchuda Celosa quiere solo para sí. Puesto a que toda su vida gira en torno a la aceptación masculina, el hecho de que un hombre ose ponerla en segundo plano frente a otra mujer o frente a cualquier interés mundano como el trabajo, el deporte o los hijos, la hará enardecer. Su confianza se desmoronará y la ira la dominará sin remedio. Sus celos son de tal magnitud que logran enajenarla casi por completo de ciertas realidades irrefutables para otros. Por ejemplo, se comporta como si fuera la mujer de Sean McNamara, el buenmozo cirujano de Nip/TUC, pero, lamentablemente, su marido se asemeja más al George Constanza de Seinfeld. Algunas mañanas revisa el historial de la PC para encontrar la pornografía que su abnegado marido (sí, George) mira furtivamente mientras ella finge que duerme a pata ancha. Regodeada en su hallazgo, se arremanga su vieja bata, caza el teléfono y lo llama a la oficina. A continuación lo cubre de insultos y cuestionamientos como: “¿Qué te hace falta en casa que buscás culos en Internet?” y ¿No ves que yo soy la madre de tus hijos?. Con las amigas, su inclinación no disminuye. Se enoja si su amiga de la primaria que aún la tolera decide variar un poco y salir con un antiguo compañero de la facultad. La celosa siente instantáneamente traicionada. Y, ojo, ella no olvida. Aunque haya pasado un año, en cuanto la ocasión se lo permita, retomará el tema con su otrora compañera de banco y reprochará: “Como esa vez que te fuiste con el forro de la facultad y yo me quedé re colgada mirando Canal Volver en casa”. Otro punto a destacar de su personalidad es la falta de sentido del ridículo. Es posible verla en la calle o incluso en ámbitos más reducidos como un ascensor (con gente) gritando a mandíbula batiente en la jeta de George: “Lo único que me faltaba es que le mires el culo a la hija de la del 8vo A”. El tipo, cuando ya no puede más, la abandona un tiempo y se va a lo de la madre. Ahí es cuando la conchuda celosa, “hace un click”. El temor palpable a la pérdida de su media naranja la hace tomar momentánea consciencia de sus errores. Con el caballo cansado, lo llama muy mansita, con voz de seda, y se deshace en ofertas de grandes transformaciones, llegando incluso a decir que es capaz de tolerar una relación abierta que contemple visitar con él el boliche swinger de calle Anchorena. Porque ella es tan extrema en sus celos como en sus promesas falsas. El marido vuelve con ella, conmovido por tanto altruismo, y no pasan más de tres semanas para que todo esté como era entonces. Ella es la conchuda celosa por antonomasia. Ella necesita sus celos como el resto del mundo necesita agua, y un cambio profundo y verdadero, le dejaría un vacío que no sabría cómo llenar.

sábado, 22 de mayo de 2010

Diccionario Conchudo parte 2




Corchetes: lamentables arrugas que aparecen -superados los 30 años y más que nada en rostros delgados- a cada lado de la boca.

Fumarola: Fumar marihuana en compañía o en solitario, sin temor a que el aromático humo se expanda por donde quiera.

Ice- Smoke: Fumar tabaco en la puerta de bares, cines, teatros, restaurantes, museos y todos los otros lugares públicos que han ninguneado este vicio al que algunas conchudas gorilas pro pulmones limpios califican como “de Unidad Básica”.

Morsa: persona-en general de sexo masculino - que no acude solícitamente a nuestro llamado y opta por pemanecer echada en un sillón

Noventero/a: Persona de treinta y pico que ha decidido seguir viviendo como si Carlos Menem aún gobernara nuestros destinos. Se droga con todo lo que le pongan delante y, en los casos más extremos, sigue vistiendo con el estilo anodino de Mulder o Scully, según sea macho o hembra.

Ochentero/a: Persona que va por la vida como si desconociera las utilidades del teléfono celular y el correo electrónico. Es de los que pasan por la casa de uno porque “estaba cerca” o insiste con "tomar un café" y "verse las caras".

Temblor de ojo: Lamentable tic que acucia a un reducido pero sufriente grupo de conchudas frente a un hombre que las atrae.

jueves, 20 de mayo de 2010

La conchuda Jefa


Es una bulímica laboral. Y es insaciable. En cuanto a los recursos humanos, nadie va a estar nunca a la altura de sus expectativas. De sus capacidades profesionales comprobadas, la de controladora es la más notoria. Es una directora con alma de empleada ascendida, que vive temiendo un mensaje “de arriba”. No es mística, sólo tiene miedo a la patronal. Elucubra que la llamada fatal, tarde o temprano, la despertará de este agridulce ensueño de ser la jefa. Mientras tanto, se desenvuelve como toda conchuda con algo de poder: mostrándose vulnerable sólo ante seres superiores a ella, tanto moralmente como -por sobretodo- jerárquicamente. Y, lógicamente, se ensaña con aquellos en posiciones débiles, en especial el personal de maestranza. Los denomina como “sub-humanos” u “orcos” y, puesta frente a ellos, nunca recuerda sus nombres o fisonomías, ya que sólo alcanza a visualizar una masa compacta en donde no podrían existir individualidades. El establecimiento en el cual trabaja posee sus cuatro pisos con problemas edilicios. La gerencia financiera pospone la mudanza a un nuevo edificio con emparchados de obra a cargo de empresas subcontratadas que ofrecieron un precio conveniente a cambio -tácito- de restar efectividad en su tarea. Además, los baños de la empresa están frecuentemente tapados. Tampoco se enciende la refrigeración so pretexto de filtros defectuosos y por ende se trabaja en oficinas/baño turco todos los veranos. Claro que en el piso superior, base de operaciones la Conchuda Jefa, se respira otro clima. Su secretario tiene catarro crónico debido a las bajísimas temperaturas del aire acondicionado que ella le hace encender aún cuando afuera haya 18 C. Víctima del escarnio y la sorna de absolutamente todos los empleados que están bajo su comando, a esta conchuda la llaman Eva Brown, Malco y Gorda Pedorra. En la empresa circulan, además, todo tipo de especulaciones sobre cada faceta de su vida, la cual es motivo de hilarantes conjeturas. Se la acusa de cocainómana, cornuda, adúltera, bipolar, sucia, avara y madre abandónica.Su único rasgo de humanidad tuvo lugar una tarde en la que comenzó a circular la amenaza de despidos, bajo uno de los clásicos eufemismos empresariales: reestructuración. Presa del pánico por la posibilidad de quedarse en la calle y volver a vender parcelas en "Cenizas del Pilar", la conchuda jefa decidió tomar la inciativa y adelantarse a los hechos. Pensó en demostrar su liderazgo ante la empresa y ante sus empleados. "Tomar la posta", pensó. Y en su fría mente sintió- es allí donde siente- que eso sería un buen aval anti despido.Escribió una carta dirigida al CEO de la compañía en la que se refería a la importancia del trabajo en equipo y la mística del grupo todo ilustrado con anécdotas de camaradería inexistentes que la incluían. Obligó a firmarla a cada uno de sus empleados con nombre, apellido y DNI. A continuación, llamó a su secretario e hizo que el esbirro la llevara al mandamás de la compañía. Cuando el tipo la leyó, inmediatamente abrió su mano derecha, abolló el papel y la llamó a su interno.-“Graciela: ¿que te pasa? ¿Te volviste escritora ahora? Ya te dije que tu oficina va a cerrar y que vas a quedar a cargo del archivo. ¿Todavía no le dijiste a la gente que pase por recursos humanos buscar su cheque? Hacelo y después subí que te espero. Dale Graciela, tengo que ver la mina que te dije y quiero que me elijas la corbata…

miércoles, 12 de mayo de 2010

La conchuda futura mamá

Ella no está embarazada, no. Ella ya es madre. Apenas tuvo un retraso, lo hizo saber a todas sus amigas. Y exactamente en el momento en que el evatest le dio positivo, ella dio a luz a su verdadero yo: el de ser una conchuda futura mamá. A cada “Qué bueno cuánto me alegro”, ella soltaba unos "Ayyy, sí", de puro éxtasis. Porque esta conchuda re-edita la felicidad del resultado positivo con cada felicitación. Luego, casi inmediatamente después, entre familiares, amigas y colegas, se advertirá cómo alrededor de la futura mamá habitan dos bandos, uno más nutrido que el otro. El que ella adorará es, lógicamente, el Comando Pro-ternura desmesurada, integrado por individuos de ambos sexos que, por ejemplo, la saludarán con un: “¿Y cómo anda la mami?” O mejor: “Y ese bebé cómo se porta, eh?”, tocando siempre la panza con sonrisas idiotas. Pero también la conchuda embarazada, se enfrentará al otro bando, el grupo de gente que luego de haberla felicitado por la noticia no tiene pensado hacer nada más al respecto. Algunos de ellos, tal vez en el nacimiento verdadero o al menos cuando transcurran los consabidos tres meses de gestación, le regalarán un babero, como mucho. A este grupo, la conchuda embarazada lo mirará con recelo, ensañándose en especial con las mujeres que lo integren. Gran parte de sus pensamientos y reflexiones junto al marido -o quien se vea obligado a oírla- serán del tipo descalificatorio hacia ese sector de su círculo. Hará simplificaciones maliciosas como “esas envidiosas" (si no tienen chicos), o "esas insensibles" (si tienen) o "aquellas resentidas" (si buscan el segundo o tercero y no llega). No hace falta aclarar que apenas la criatura nazca, cada una de las vicisitudes habituales, tanto las más insignificantes como las más esperables, serán comentadas hasta el hartazgo. Desde ya, a esta cruzada se sumará ese séquito despersonalizado de familiares y miembros cercanos del grupo pro ternura desmesurada. Las alternativas del recién nacido, serán filmadas y subidas a la web en forma de empalagosos blogs, cuyos links actualizados nos obligarán a enternecernos aún a costa de nuestros principios de libertad e independencia respecto de la conchuda futura mamá. También llevará al chico en su mochilita tipo canguro a cuanto evento para adultos la inviten, sin hacerse cargo de que la presencia de un bebé en un coktail, vernisagge o reunión de conchudas es de lo más inadecuada. Allí, para colmo, solicitará a los presentes que no fumen, que bajen el tono de voz y el volumen de la música, que encierren a las mascotas y que no digan malas palabras. La conchuda embarazada no dejará que surga naturalmente la empatía humana con un inocente. No. Ella cohesionará imponiendo, bajo lugares comunes y frases hechas, una ternura propia de programa infantil, vaciada de sentido, y que saca lo peor de las conchudas no embarazadas como una. No es justo.

miércoles, 5 de mayo de 2010

La conchuda ¿Hot?


Aún un día de frío transpira copiosamente. Suda hasta dejar impregnada su ropa de un intenso olor. A esta pobre chica el problema se le agudiza con la tendencia de las compañías textiles a reducir costos y utilizar géneros sintéticos en la confección de sus prendas. De esta manera, se le hace casi imposible repetir el uso de modelitos de Once que tanta satisfacción le dieron al momento de ser adquiridos, por su relación precio/diseño. Ya no tiene prácticamente acceso a marcas de características aspiracionales como las 4 o 5 donde sus amigas prósperas siguen comprando. No obstante, ni aún invirtiendo las fortunas requeridas por las etiquetas de moda, hallará una prenda de algodón que absorba como es debido todo el hedor que ella produce. Y no hay que pensar en desodorantes y en antitranspirantes, el problema es el nylon. Ese enemigo del planeta, esa inmundicia pergeñada por el humano capitalista en su versión más baja, la lleva a pasar momentos de mucha vergüenza y desazón. Frente al hombre de sus sueños y luego de una caminata de verano, el monstruo sintético activa su veneno para recordarle qué poco dura la felicidad. No se culpa a la natural acción de las glándulas sudoríparas, ellas hacen su trabajo-aunque algo cebadas por el impulso hormonal del organismo en circunstancias románticas- normal. En minutos y, por muy triste que suene, el galán advierte la situación y una sombra de reproche y estupor se cierne sobre su rostro. Inmediatamente y tras varios fruncimientos nasales que denotan ex profeso su molestia enuncia : “¿Es tarde no?”.
Perpleja, ella deberá volver a su casa con la vergüenza de ser una persona de bien cuya anatomía rechaza las abyectas formas de los procesos industriales que invaden la socialización y el desarrollo psicoemotivo y sexual de una mujer moderna. La hot, una a la que el Rexona sí la abandona.

lunes, 26 de abril de 2010

Etiqueta nocturna de una conchuda



Disimular cualquier exceso de sustancias consumidas a partir de una actitud entre displicente y altiva de decir a todo que sí.

Disimular la sordera provocada por los parlantes del boliche, otra vez, diciendo a todo que sí.

Tener chicles a mano por si se entabla diálogo cercano con tipo en edad de merecer. Un spray bucal es aún más cool.

Fijarse bien en los pasos de baile que tiran las conchudas más lindas del boliche antes de lanzarse a la pista. No queremos ser Elaine en aquel capítulo de Seinfeld.

Desestimar con simpatía y promesas a futuro la propuesta de un tipo que hoy no es interesante pero que puede ser necesario en momentos de extrema soledad.

Asistir a nuestra amiga que volcó aún dejando atrás al hombre de nuestras vidas, excepto que ella sea aún mejor que una y nos diga que se arregla sola.

domingo, 25 de abril de 2010

La conchuda subalterna



Es resentida y ñoqui de alma. Como la conducta tipo vegetal no se sostiene por demasiado tiempo en las modernas y proactivas corporaciones, la conchuda subalterna desarrolló una sobreadapatación notable. A su manera, ejerce de un no ortodoxo sindicalismo personal. Sus reclamos gastronómicos al jefe de personal ya dieron como resultado una heladera y un microondas que todos recibieron con júbilo. Es que para ella, la cocina es el ámbito donde puede sentirse en casa, preservada del sufrimiento del trabajador común, víctima de las luces de tubo y la estática de las PC.
La subalterna necesita darle un toque descontracturado y familiar al laburo. Por eso, su escritorio es su habitación y los cajones su alacena. En ellos se despliegan elementos ajenos a la productividad: siempre pegoteados, crujientes por el azúcar y la quick soap derramadas es posible encontrar en ellos alimentos secos que no desea compartir. Por otro lado, urgar en ellos es parte de sus irritantes rutinas diarias oficinescas que nadie se atreve a modificar.
Lleva al máximo la ley del mínimo esfuerzo. No por nada la llaman Gabriela Michetti, ya que difícilmente se levante de su silla giratoria. No obstante su pereza, cierta lógica costo-beneficio le permite evaluar que eludir responsabilidades se compensa con salir a “hacer trámites”. Así, la conchuda subalterna gana las calles con facilidad. Pero, inevitablemente, al regreso, aparecerá cargada con bolsas que delatan paseos por el Todo Moda de Cabildo y la Confitería de la vuelta. Otra característica de esta empleada es la de agotar siempre las resmas y cartuchos láser color con print de cadenas y chistes que le llegan por Internet. También el hacer llamadas a larga distancia utilizando el interno de un compañero distraído. Cuando entrega informes (sí, alguna vez ocurre), los presenta siempre con manchas de mate, ya que no se desprende del equipo que su hermana le trajo de Uruguay. Pero si hay algo que la enloquece y la vuelve proactiva como nunca, es el festejo de un cumpleaños. A su celebracíón en horario de trabajo se consagra con obsesiva dedicación. Ese día, todo comenzará temprano cuando, montada en su silla de rueditas, recorra las oficinas presionando a compañeros y personal jerárquico para que pongan plata en el onamástico de Jorgito, el cadete nuevo con el que pasa horas charlando. Luego se ocupará de comprar chucherías que sólo ella apreciará. Sí se lucirá con costosos triples y saladitos que precederán la torta y serán abonados por la empresa.
No se conocen específicamente sus funciones o cargo, pero existe alrededor de la conchuda subalterna cierto halo de poder que ella misma ha sabido alimentar. La gente le teme como a una suerte de pariente insoportable con el que hay que lidiar. Uno de los rasgos de su particular autoridad se basa en ser confianzuda y en conocer al dedillo la vida de todos y cada uno de los integrantes del staff de la compañía. Si bien diversas gestiones administrativas han intentado removerla de su puesto, nada parece poder con ella. Incluso se han organizado reuniones jerárquicas cuyo temario comenzaba con la inutilidad de su persona. Todas las medidas esbozadas quedan siempre en el olvido, porque ninguno podrá dejar de comer los conitos de dulce de leche, toneladas de BON o BON, y los caramelos media hora con los que, indiscretamente interrumpirá el meeting. El gerente general, al saborear los redondos dulces con el relojito impreso, se transportará a través de recuerdos entrañables a sus años de secundario cuando su mamá, la misma que lo impulsó a ser contador, le dejaba una bolsita de ellos como tesoro, en el bolsillo de su blanco guardapolvo infantil.

sábado, 24 de abril de 2010

La Conchuda Caníbal

Parece encantadora. La mayoría de los hombres caen a sus pies apenas la conocen. Nunca tuvo trabas para ser aceptada por tipo alguno. Es atractiva, inteligente y, sin embargo, todas sus relaciones siguen fracasando y nadie sabe bien porqué. Es que el problema de este tipo de mujer es que sólo manifiesta su conchudez en la intimidad de la pareja. Ella va de a poco, no revela de una al monstruo que hay en su interior. Comienza con detalles vanos como observar los cds del auto de su nueva presa para correr a Musimundo a adquirir los mismos. Más tarde, se quejará con sus amigas de que él no la llame en los horarios en los que ella está libre y deseosa de oír su voz. Cuando se ven y tienen sexo, ella lo dejará exhausto y durante el acto repetirá en sus oídos su frase de cabecera: “Te comería”. Él, halagado, se sentirá adolescente otra vez al examinar en el espejo los chupones que le deja su novia. Son días de pasión y locura para ambos, de cama y sillón; mesa y piso, todos pueden ser espacios para el hedonismo más arrebatado. Sin embargo, pronto el hombre elegido por la caníbal lamentará no haber interpretado las señales que anunciaban el temporal. Porque todos sus raptos pueden parecer extravagantes mensajes de amor: la caníbal no le hace asco a los pasacalles, a los anuncios en el diario, a los llamados a la madrugada, a los regalos costosos, a las fiestas sorpresa, a los larguísimos trayectos en taxi para poder verlo 5 minutos...La lista podría seguir por siempre jamás. Estos gestos, que para cualquier otra mujer serían heroicos o directamente anormales, constituyeron su modus operandi con los hombres desde los 16 años. Cincuenta y dos minutos de taxi para verlo en el entretiempo de su fútbol 5, para ella no es esfuerzo alguno. Sus amigas conchudas utilitarias se han puesto a calcular el dinero lleva invertido en sus relaciones y calculan que podría comprarse medio dos ambientes. Como es un barril sin fondo emocional, dilapida sueldos íntegros en cada uno de sus noviazgos. Ella prepara inconcientemente un banquete en el que el plato principal es el candidato en cuestión. Es una delicia que sabe cocinar muy bien. Busca a su presa y la engatusa para e poder quebrarle el pescuezo y llevarla, sangrante, a la cocina donde la embeberá en untuosas preparaciones y aromáticas especias, la dorará a fuego lento durante horas. Una vez cocida, ella la servirá a su gusto y la saboreará extasiada, para, vorazmente, dejar sólo algunos huesos pelados. Luego, y a medida que el recuerdo del sabroso plato se haga más débil, volverá al corral a elegir un nuevo amor que la satisfaga generosamente un tiempo más.

miércoles, 21 de abril de 2010

La conchuda esteta

No puede conversar sin pensar qué bien le vendrían a su interlocutora dos tonos menos de tintura. Se desconcentra con facilidad porque todo su interés se fija en las formas y los colores de la ropa, el estado de la piel y los dientes de las personas con quienes dialoga. Es tal su fanatismo que no duda en hacer observaciones , más alla de que a aquellos a quienes tiene enfrente posean un interés pobre o nulo en su propia apriencia. Pasa el día cavilando en los porqués de su madre para no ponerse bótox, los de su hija para no hacerse una higiene profunda de cutis y los de su marido en evitar un corte de pelo más canchero. También le gustaría que el plomero use un mameluco customizado y que abandone esa barba que tanto lo avejenta. Puede ser artista plástica o productora de modas pero, la mayoría de las veces, sus días transcurren como los de una ama de casa que redecora, rediseña y re contra rompe a todos la paciencia con su manía enfermiza por gastar dinero en ropa, sillones nuevos y revistas de diseño. Con su propia persona, por supuesto, es extremadamente atenta. Le cuesta mucho salir de su casa sin dar ochocientas vueltas antes. Constatará su maquillaje una y mil veces para evaluar que no resulte muy “pesado” y revisará sus uñas escrupulosamente, en tanto dejar el pelo como le gusta le llevará una hora más. Se arregla hasta para ir al supermercado y combina todo sabiamente sin estridencias ni convencionalismos, con criterio y mucha onda. Las conchudas progres que ocasionalmente alternan con ella, piensan que lo que gasta en tratamientos y productos de spa y belleza debería ser considerado ilegal. A veces, su obsesión es tan acuciante que no puede conciliar el sueño. Se desvela pensando en que los años no pasan en vano y los tríceps fláccidos y las rodillas arrugadas no van a tardar en llegar. Sufre dando vueltas en su somier de 3000 pesos por no haber conseguido la tela que anhelaba para las cortinas. Se estremece al recordar que su casamiento fue poco glamoroso y, cuando ya el cerebro no da más, se da cuenta: lo suyo no es frivolidad supina, es algo más profundo… ¿Será temor a la muerte? Sólo en eso momento, cuando la idea de verse amortajada le corta de cuajo todas sus especulaciones, concilia el sueño.

viernes, 16 de abril de 2010

La conchuda marxista


Hermana politizada de la fóbica, la marxista tiene en común con ella la falta de coquetería. Las únicas veces que se puso rímel se lo sacó a la mañana siguiente con lo que tenía más a mano: aceite Patito. Detesta la frivolidad al punto de desdeñar el cuidado de su cuerpo por ser un hábito propio de la burguesía. No obstante, hace uso de él, exponiéndolo a trabajos voluntarios y sesiones de sexo no carentes de alguna que otra cosa medio perversilla. Los hombres que le interesan usan barba o pelo medio largo, la llevan a tomar algo a bares como “El Progreso” en Barracas y suelen manguearle monedas para el bondi. Alguna vez, la marxista puede calentarse con un cerdo burgués, pero no se involucrará más que para tener sexo ocasional y algo brutal, pues el sentimiento romántico lo consagra sólo a aquellos que compartan sus ideales revolucionarios.
Como amiga, es de fierro: confiable, desinteresada, buena para escuchar y aconsejar, pero ojo, para salidas, eventos o presentaciones, mejor recurrir a otra. No es extraño que acuda a una fiesta ya medio borracha por el Legui (su bebida favorita) y, sin pensar en la importancia que para una pueda merecer el evento, termine acusando al DJ de “tilingo vendepatria y cipayo” por pasar música “que no emplea gente, sino máquinas”.
Siempre querrá llevarnos por su camino, y una, que ansía dejar atrás la adicción a la planchita y la Para Ti, la seguirá a marchas y firmará extrañas solicitadas a favor de la libertad de ignotos presos políticos.
Como suele suceder en estos casos, proviene de una familia adinerada, con la cual, no se habla desde hace más de diez años. Recibe depósitos en una cuenta a nombre de una ON´g a modo de pacto tácito por mantenerse alejada luego de lo ocurrido- hace una década -en el casamiento de su hermano. La conchuda fue artífice del final abruto de la fiesta. Nadie pudo perdonar que esa noche tomara el micrófono e interrumpiera la melodía de Carrozas de Fuego. Con su voz aguda y sus ojos de loca, la mano en alto y el puño cerrado les dijo a los presentes que si no firmaban la solicitada que su compañero (pareja y militante) estaba distribuyendo en las mesas, activaría una bomba estratégicamente colocada en la pista de baile. Justo debajo de la mesa dulce. Patrulleros, la guardia de Bomberos de San Isidro y un servicio de urgencia médica contuvieron la situación, mientras la novia gritaba "hija de puta zurda de mierda, te voy a matar".

Comunicado conchudo


Así como las corporaciones ocultan la información al pueblo, así como los terremotos azotan a países hermanos y a otros más pobres y lejanos; así como las adicciones ahogan a Luismi y la inseguridad acucia a la clase media, así, así, igual nos molestan algunas conchudas resentidas a las conchudas buenas que hacemos este blog.
La causa del bloqueo temporario de este espacio está relacionada con una conchuda anónima-sabemos dónde vivís-aburrida de su triste existencia-aprendé a vivir y a dejar vivir- que nos atacó denunciando este blog, y hackeando cuentas asociadas.
Pero, como desde acá creemos en la solidaridad de género, dejamos que Dios la juzgue y sepa que hácer con su opaco ser. Esta será la única mención al tema ya que las autoras tenemos mucho de qué ocuparnos como seguir trabajando por una mirada autocrítica, pero siempre compasiva y solidaria sobre el incomparable y mágico hecho de SER MUJER.

Ante lo sucedido, la dirección de este blog aclara que:

1- Nunca fue intención de este blog ofender a nadie.
2- Por más maldad que haya en el mundo, yo vengo a ofrecer mi corazón.
3- Gracias a todos y todas por su constante apoyo, los recordaremos con displicente cariño cuando seamos estrellas consagradas y bebamos nuestros daikiris en algún oculto megahotel caribeño.

Ahora sí, sigan disfrutando del neoconchudismo: un concepto de autoaceptación fraternal que nos une más alla de todo intento desestabilizador y golpista.

sábado, 10 de abril de 2010

La conchuda Sedal Dúo


Así como algún cráneo del área de Producto del mundo cosmético desarrolló la idea de un champú y crema de enjuague juntos; así tal cual, pensó la conchuda Sedal Dúo que podía vivir. Ella palpita la dualidad en todos los aspectos de su existencia: es seguidora de San Lorenzo, pero simpatiza mucho con Boca también. Es amante de la vida austera y profunda, pero se fascina con afamados polistas que jamás toleraría tener cerca. Todos los mandatos y características de tantas conchudas, ella los lleva dobles. Por un lado se ciñe al “deber ser” y trabaja para llevar una vida ordenada con metas y planes muy terrenales. Con su sueldo de recepcionista logró el crédito del uno a uno mientras otras amigas despilfarraban dólares –perdón, pesos- a lo loco. Pero, en tanto paga religiosamente la cuota al Nación, ha caído en la compulsión del taxi y la ropa de marca, haciendo temblar los frutos del esfuerzo denodado por tener casa propia. Y ese no es su único desliz, también se ha dejado llevar por el reclamo vehemente y apasionado de un ex con el que se cita regularmente a escondidas. Parte de esa relación prohibida existe más que nada porque no puede espetarle al galán en cuestión un: “¿Qué? ¿Cómo se te ocurre, no ves que soy casada?”: Muy por el contrario, y llevada por un deber ser negativo que es el reverso del deber ser normal, accede y hasta se deshace en excusas cuando no puede complacer la insistencia del tipo. No es que sea contradictoria, es dual, necesita de dos mundos en los que vivir. Necesita ser como Caterine Deneuve en Belle de Jour, pero no sólo en la conducta sexual, sino en todo, incluso hasta en las opiniones políticas y en la ropa. Siempre habla bien de los socialistas, pero no puede vivir sin Direct TV y Wi Fi, detesta la explotación de los cuerpos femeninos, pero gasta 150 pesos en cada sesión de Figurella, censura las adicciones pero fuma 25 cigarrillos diarios. La sedal dúo responde sistemáticamente a sus estúpidas ansias de mantener activos dos mundos. Así puede huir de uno a otro y viceversa, sin comprometerse del todo con ninguno, nunca. Intenta como en el olvidable “Sedal dos en uno”, condensar dos necesidades, una básica como lavarse y otra extra y engañosa como tener brillo y sedosidad garantizados.