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domingo, 25 de abril de 2010

La conchuda subalterna



Es resentida y ñoqui de alma. Como la conducta tipo vegetal no se sostiene por demasiado tiempo en las modernas y proactivas corporaciones, la conchuda subalterna desarrolló una sobreadapatación notable. A su manera, ejerce de un no ortodoxo sindicalismo personal. Sus reclamos gastronómicos al jefe de personal ya dieron como resultado una heladera y un microondas que todos recibieron con júbilo. Es que para ella, la cocina es el ámbito donde puede sentirse en casa, preservada del sufrimiento del trabajador común, víctima de las luces de tubo y la estática de las PC.
La subalterna necesita darle un toque descontracturado y familiar al laburo. Por eso, su escritorio es su habitación y los cajones su alacena. En ellos se despliegan elementos ajenos a la productividad: siempre pegoteados, crujientes por el azúcar y la quick soap derramadas es posible encontrar en ellos alimentos secos que no desea compartir. Por otro lado, urgar en ellos es parte de sus irritantes rutinas diarias oficinescas que nadie se atreve a modificar.
Lleva al máximo la ley del mínimo esfuerzo. No por nada la llaman Gabriela Michetti, ya que difícilmente se levante de su silla giratoria. No obstante su pereza, cierta lógica costo-beneficio le permite evaluar que eludir responsabilidades se compensa con salir a “hacer trámites”. Así, la conchuda subalterna gana las calles con facilidad. Pero, inevitablemente, al regreso, aparecerá cargada con bolsas que delatan paseos por el Todo Moda de Cabildo y la Confitería de la vuelta. Otra característica de esta empleada es la de agotar siempre las resmas y cartuchos láser color con print de cadenas y chistes que le llegan por Internet. También el hacer llamadas a larga distancia utilizando el interno de un compañero distraído. Cuando entrega informes (sí, alguna vez ocurre), los presenta siempre con manchas de mate, ya que no se desprende del equipo que su hermana le trajo de Uruguay. Pero si hay algo que la enloquece y la vuelve proactiva como nunca, es el festejo de un cumpleaños. A su celebracíón en horario de trabajo se consagra con obsesiva dedicación. Ese día, todo comenzará temprano cuando, montada en su silla de rueditas, recorra las oficinas presionando a compañeros y personal jerárquico para que pongan plata en el onamástico de Jorgito, el cadete nuevo con el que pasa horas charlando. Luego se ocupará de comprar chucherías que sólo ella apreciará. Sí se lucirá con costosos triples y saladitos que precederán la torta y serán abonados por la empresa.
No se conocen específicamente sus funciones o cargo, pero existe alrededor de la conchuda subalterna cierto halo de poder que ella misma ha sabido alimentar. La gente le teme como a una suerte de pariente insoportable con el que hay que lidiar. Uno de los rasgos de su particular autoridad se basa en ser confianzuda y en conocer al dedillo la vida de todos y cada uno de los integrantes del staff de la compañía. Si bien diversas gestiones administrativas han intentado removerla de su puesto, nada parece poder con ella. Incluso se han organizado reuniones jerárquicas cuyo temario comenzaba con la inutilidad de su persona. Todas las medidas esbozadas quedan siempre en el olvido, porque ninguno podrá dejar de comer los conitos de dulce de leche, toneladas de BON o BON, y los caramelos media hora con los que, indiscretamente interrumpirá el meeting. El gerente general, al saborear los redondos dulces con el relojito impreso, se transportará a través de recuerdos entrañables a sus años de secundario cuando su mamá, la misma que lo impulsó a ser contador, le dejaba una bolsita de ellos como tesoro, en el bolsillo de su blanco guardapolvo infantil.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

hay que hacerse cargo de una vez: toda conchuda fue subalterna en algún trance de su vida y es re eguro que cayó en alguna de estas conductas. ¡Aguante la trabajadora argentina! ¡vuelta ya del Día Femenino instaurado por Evita!.

Anónimo dijo...

la de la foto es Jelinek?

Yamila dijo...

todas conocimos una conchuda subalterna...jajaj

Mara dijo...

Idola la conchuda subalterna!!!

nora dijo...

Perdón, y con Francis qué pasa?

Carrie dijo...

Ah, nonono, como digo una có digo la ó: Puede q todas hayamos sido alguna vez por un ratito una conchuda-futura mamá-CarolineI., pero me niego rotundamente a reconocer en mí y en muchas otras conchudas de mi tribu un ápice de la subalterna!!! Tengo mucho fundamento ideológico para refutar ese primer comentario anónimo tan demagógico.