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miércoles, 24 de febrero de 2010

La conchuda vegetariana

Nos preguntamos quién se cree que es para hacernos sentir tan mal ante un bifecito de chorizo. ¿Cómo hizo? ¿Cómo logra resistir las sanguíneas tentaciones que deleitan y definen a los argentinos? ¿Es para hacerse la extranjera? ¿Es un desorden alimenticio disfrazado de cuidado de la salud? ¿O es por puro gusto esto de importunar a otros con sus hábitos? El caso es que no sabemos a ciencia cierta qué paso con esa amiga querida que nos abandonó. Aquella que tenía el freezer lleno de cachos de vacío y osobuco, la misma que le entraba a las milanesas y al asado más que nuestros padres y maridos. Porque así, de un día a otro, cambió. Empezó a fastidiarnos cual Lisa Simpson con que la carne es muy dañina y a ilustrarnos con información sobre los horrendos modos de crianza de plumíferos varios no sin dejar de detallar las humillantes muertes eléctricas que reciben las vacas. Ya no podemos andar tranquilas por la ruta o mirar los ojos de un rumiante sin que -aunque sea a un nivel muy, muy inconsciente- se nos cruce su carita: “Mirá que les ponen picanas”. Ella está ahí, libre de culpa y cargo, mientras el resto seguimos bajo los preceptos de la cultura nativa que tanto nos machacaron. No cambiamos como hizo esta conchuda, a nosotros sí nos “gusta comer muertos”. Y luego pensamos: ¿Acaso ella no usa cuero?¿Sabe, a ciencia cierta, si las verduras no sufren antes de bañarlas en oliva y deglutirlas? ¿No se da cuenta que el vegetarianismo es una moda de Palermo? Y seguimos especulando: ¿Es lo mismo la vida sin un asadito los domingos? ¿Quién no ama esa sensación de pesadez que sobreviene a la dosis proteica de nuestros parientes lejanos? Y en esas cavilaciones andamos en el restorán, mientras miramos la lista en busca de algo que comer y el recuerdo de la veggie nos mortifica. No es lo mismo la suprema Maryland desde que nos contó de un dudoso viaje a unos –noqueremossabershhhbasta- criaderos de pollo llenos de luces en donde los pobres bichos permanecen estoicos ante su destino de inmovilidad y hacinamiento. ¿Para qué saber esas cosas? ¿Con qué necesidad? En la ignorancia alimenticia se vive mejor. Si no, miremos como anda ella, sin un puto glóbulo rojo: pálida y ojerosa, soñando con un pastel de papas que le habla y le dice: “comeme, comeme…”. Nosotras por nuestra parte, llamamos al mozo "¡Querido, un bife a caballo por favor!"

4 comentarios:

nora dijo...

exijo redención para la vegetariana, el vegetarianismo es una de las pocas conchudeses queribles del mundo

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo Nora, para que vean que una tiene autocrítica. Esa conchuda soy yo!
Adela

Anónimo dijo...

para cuando la conchuda diet o light???
lore

Adela y Nancy dijo...

Sí, hay una parecida que es toda contenida, medida y perfeccionista. No es light, pero se caga de hambre bastante.. La tenemos en gateras, para, justamente no tirar toda la carne al asador.