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miércoles, 10 de febrero de 2010

La conversa


Hubo un tiempo que fue tenebroso: aquel que "la conversa" mantiene oculto bajo siete llaves en su curtido inconsciente. Una época de tardes en Pumper, devorando hamburguesas con fruición, acompañadas de sendas frenys y abundante coca cola. Las mañanas de pan con manteca y dulce de leche, los vasos de Nesquik con cucharadas soperas de azúcar agregadas innecesariamente y un sinfín de menús similares que su tóxica y abusiva madre le servía. Eran años de sufrimiento y oprobio escolar que no quisiéramos detallar aquí. Para qué hacer sufrir al lector recordando la maldad de la infancia, esa instancia de la vida en la que la sociedad se representa a escala chica en los odiosos compañeritos de clase. Esos pichones de garcas que la señalaban por su incipiente obesidad, quienes probablemente más tarde ayudarán a pudrir aún más la farsa del sistema en el que nos hallamos insertos como individuos a través de su espíritu competitivo aprendido con tanto rugby y constantes lecturas de Sports ilustrated. En fin, lo cierto es que nuestra amiga padeció aquellos años como nadie, pero creció y hoy tiene algo más de treinta. Y, por supuesto que es flaca. Lo suficiente como para que nadie siquiera adivine los años de carbohidratos mencionados. Es, además, es bastante exitosa como arquitecta y lleva adelante numerosas obras junto con un grupo de socios. Cabe consignar que el estudio que integra es muy cool, son chicos y chicas de vestimenta colorida, anteojos de nerd y andar relajado. Todos con gran afición por el diseño, el diseño aplicado, a todo eso que implique la forma por delante de la función. La ropa, los muebles de sus casas, todo es de diseño. Está claro, “diseño” es la palabra que más usan. Todos fanáticos de Gaudí o de Mario Roberto Alvarez, según lo que resulte más sofisticado, retro y original en cada oportunidad. Un día, en el estudio éste; Tomás, uno de ellos, recibió de regalo una reproducción de una escultura. Se le ocurrió llevarla a la reunión general que tenía lugar en la espaciosa, luminosa y racionalista sala donde se celebran los encuentros de la empresa.
- ¿Y eso?, le preguntó Agustina.
- Ah, jajaja, esto un Botero. Me lo regaló un cliente.
- Noooo, no podés
- ¿Qué? ¿Qué tiene?
- Que me da risa… No sé, las obras de ese pibe me causan gracia.
- Bueno, no será un Rodin, pero Botero tiene lo suyo, tanto gordito se ve que le garpa, ¿no?
- (En ese momento entra a escena "la conversa", quien mira la reproducción del Botero como si se tratara de observar a un pedófilo) ¿Y eso?, pregunta con gravedad.
- Ah, le estaba contando… me regalaron un Botero , fake, eh
.- Saquen eso- dice la conversa, casi gritando.
- Eyyy!!! ¿Qué pasó?. le responde Tomás.
- Que no quiero ver a un gordo acá en la mesa.
(Perplejidad general)
- No me gusta la obesidad- intenta explicarse..
- No, claro, pero tampoco discriminemos. Es arte.- le responde Tomás, nuevamente.
- (Gritando como Alterio en Caballos Valientes) ¿Arte? ¿Arte esa mierda?. ¿Qué sabe de arte ese tipo, Botero?Arte es hacer dieta, arte es ser flaco, arte es sobrevivir los fines de semana, las fiestas, los cókcteles, el olor de las panaderías, las publicidades de alfajores, evocar un panqueque y acabar, pensar en piletas de dulce de leche y crema, y nadar en ellas con dificultosa pasión. Arte no es lo que reivindicar la fofedad y la amorfia de seres infelices que no tienen voluntad, que es lo que son los gordos. Un asco. Y ahora, mirá lo que hago con esta poronga: (Crash, el gordo al piso). ¡Lo rompo todo!.
(Los socios, todo el grupo, permanecía inmóvil. Tomás miró a la puerta y vio cómo la secretaria se levantaba de su silla Luis XV de acrílico transparente para ver qué pasaba.)
Con movimientos inusualmente nerviosos, la conchuda conversa pateba los restos de la escultura y sin levantar la vista concluyó la escena: "Bueno, basta, después que alguien junte esto..Ahora hay que hablar del nuevo proyecto en Villa La Angostura".

2 comentarios:

Anónimo dijo...

pobre botero, che, me da pena

Adela y Nancy dijo...

Sí, Botero a veces da pena.